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  • ¿Te gusto?" No hubo respuesta. El silencio rebotó, se desprendió de su lengua, se interpuso entre nosotros y me obstruyó la garganta. Masacró mi confianza. Me arrancó los cigarrillos de la boca. Intercambiamos palabras ciegas, y yo no lloré, no supliqué, pero la negrura llenó mis oídos, la negrura se abalanzó sobre mi corazón, y algo que había sido bueno, una especie de oxígeno amable, se convirtió en un horno de gas.