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Eso es la Tierra, pensó. No un globo terráqueo a miles de kilómetros a la redonda, sino un bosque con un lago resplandeciente, una casa escondida en la cresta de una colina, en lo alto de los árboles, una ladera cubierta de hierba que ascendía desde el agua, peces saltando y pájaros ametrallando para coger los bichos que vivían en la frontera entre el agua y el cielo. La tierra era el ruido constante de los grillos, y los vientos, y los pájaros