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  • Se bajó de la acera como quien salta de un puente, tan tranquilo como un nadador con el océano al fondo. Lucy había sabido lo que él iba a hacer en el instante en que sus miradas se cruzaron. Sabría lo que él pretendía porque ella habría hecho lo mismo de haber tenido su valor. Nada iba a detener su caída.

    Alice Hoffman (2008). “The Third Angel”, p.242, Random House