-
Debe de haber otra vida, pensó, hundiéndose de nuevo en su silla, exasperada. No en sueños, sino aquí y ahora, en esta habitación, con gente viva. Se sentía como si estuviera al borde de un precipicio con el pelo al viento; estaba a punto de asir algo que se le escapaba. Tiene que haber otra vida, aquí y ahora, se repetía. Esta es demasiado corta, demasiado rota. No sabemos nada, ni siquiera de nosotros mismos.