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  • [Prince Humperdinck] estaba a setenta y cinco minutos de su primer asesinato de una mujer, y se preguntaba si podría llevarle los dedos a la garganta antes incluso de que empezara a gritar. Llevaba toda la tarde practicando con salchichas gigantes y tenía los movimientos bastante claros, pero las salchichas gigantes no eran cuellos y ni todos los deseos del mundo conseguirían que lo fueran.