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  • Pequeñas cosas como ésta me han salvado: cuánto quiero a mi madre, incluso después de todos estos años. Cuán poderosamente la llevo dentro de mí. Mi dolor es tremendo pero mi amor es más grande. El tuyo también. No estás llorando la muerte de tu hijo porque su muerte fue fea e injusta. La estás llorando porque le querías de verdad. La belleza en eso es mayor que la amargura de su muerte.

    "DEAR SUGAR, The Rumpus Advice Column №78: The Obliterated Place". therumpus.net. July 1, 2011.