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La libertad no es una recompensa ni una condecoración por la que se brinda con champán. Al contrario, es un trabajo duro y una carrera de fondo, a solas, muy agotadora. Solo en una habitación lúgubre, solo en el banquillo de los acusados ante los jueces, y solo para decidir, ante uno mismo y ante el juicio de los demás. Al final de toda libertad hay una condena, por eso la libertad es demasiado pesada de soportar.