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  • Toqué la combinación de la cerradura. Me concentré tanto que sentí como si estuviera levantando quinientos kilos. Se me aceleró el pulso. Una línea de sudor se deslizaba por mi nariz. Por fin sentí que los engranajes giraban. El metal gimió, los bombines chasquearon y los cerrojos saltaron. Evitando cuidadosamente el picaporte, abrí la puerta con la punta de los dedos y extraje un frasco intacto de líquido verde. Hal exhaló. Thalia me besó en la mejilla, cosa que probablemente no debería haber hecho mientras yo sostenía un tubo de veneno mortal. "Eres tan bueno", dijo. ¿Eso hizo que el riesgo valiera la pena? Sí, más o menos.