-
El mundo odiaría a Sus seguidores, no a causa del mal en sus vidas, sino precisamente por la ausencia de mal o, mejor dicho, por su bondad. La bondad no causa el odio, pero da ocasión para que el odio se manifieste. Cuanto más santa y pura sea una vida, más atraerá la malignidad y el odio. Sólo la mediocridad sobrevive.