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Cuando lees un gran libro, no escapas de la vida, sino que te sumerges más profundamente en ella. Puede que se produzca una evasión superficial -a otros países, costumbres, formas de hablar-, pero lo que se hace esencialmente es profundizar en la comprensión de las sutilezas, paradojas, alegrías, dolores y verdades de la vida. La lectura y la vida no están separadas, sino que son simbióticas.