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  • (...) Me dejé llevar, llorando y sin poder parar porque Dios era un canalla tan sucio, una mofeta despreciable, eso es lo que era por hacerle eso a esa mujer. Baja de los cielos, tú Dios, baja y te machaco la cara por toda la ciudad de Los Ángeles, miserable bromista imperdonable. Si no fuera por ti, esa mujer no habría quedado tan mutilada, y el mundo tampoco, (...)