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  • Recuerdo haberme sentado en su despacho cientos de veces durante aquellos meses sombríos y haber pensado cada vez: "¿Qué diablos puede decir que me haga sentir mejor o que me mantenga con vida? Bueno, nunca hubo nada que pudiera decir, eso es lo curioso. Fueron todas las cosas estúpidas, desesperadamente optimistas y condescendientes que no dijo las que me mantuvieron con vida; toda la compasión y la calidez que sentí de él y que no podía haberme dicho; toda la inteligencia, competencia y tiempo que puso en ello; y su gran convicción de que la mía era una vida que valía la pena vivir.

    FaceBook post by Kay Redfield Jamison from Oct 12, 2012