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Ser una pareja de éxito consistía en aprender en qué estabas dispuesto a ceder y en qué no, cuándo debías defender tu postura y cuándo renunciar a ella, qué era lo bastante importante como para pelearse y qué era sólo un cabreo. Aprendisteis los botones calientes del otro, los lugares que dolían o enfadaban cuando los pulsabais. El amor te hace aprender dónde están las trampas y cómo evitarlas o cómo provocarlas.