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  • Sólo un tonto quiere la guerra, pero una vez que una guerra comienza, no se puede luchar a medias. Ni siquiera puede librarse con arrepentimiento, sino con una alegría salvaje por derrotar al enemigo, y es esa alegría salvaje la que inspira a nuestros bardos a escribir sus mejores canciones sobre el amor y la guerra.

    Bernard Cornwell (1999). “Excalibur: A Novel of Arthur”, p.199, Macmillan