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Los cohetes incendiaron los prados huesudos, convirtieron la roca en lava, la madera en carbón, transmutaron el agua en vapor, convirtieron la arena y el sílice en vidrio verde que yacía como espejos rotos reflejando la invasión, por todas partes. Los cohetes sonaban como tambores en la noche. Los cohetes llegaron como langostas, pululando y asentándose en floraciones de humo rosado.