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Era hermoso, eso se afirmaba siempre, pero su belleza era difícil de fijar o de ver, porque siempre estaba brillando, parpadeando, fundiéndose, mezclándose, era la forma de una llama informe, era el hilo remolino de formas de aguja en la masa informe de la cascada. Era el viento invisible que apresuraba las nubes en ondas y cintas. Podías ver un árbol desnudo en la línea del horizonte doblado por el viento, sosteniendo ramas retorcidas y ramitas dobladas, y de repente su forma informe se resolvía en la del embaucador.