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  • No es lo que hacemos lo que importa, sino lo que un Dios soberano decide hacer a través de nosotros. Dios no quiere nuestro éxito; nos quiere a nosotros. No exige nuestros logros; exige nuestra obediencia. El Reino de Dios es un reino de paradojas, donde a través de la fea derrota de una cruz, un Dios santo es totalmente glorificado. La victoria llega a través de la derrota; la curación a través del quebrantamiento; el descubrimiento de uno mismo a través de la pérdida de uno mismo.

    Charles Colson (1997). “Loving God”, p.25, Zondervan