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Deseo seriamente señalar en qué consisten la verdadera dignidad y la felicidad humana. Deseo persuadir a las mujeres de que se esfuercen por adquirir fortaleza, tanto de mente como de cuerpo, y convencerlas de que las frases suaves, susceptibilidad de corazón, delicadeza de sentimientos y refinamiento de gusto, son casi sinónimos de epítetos de debilidad, y que esos seres sólo son objeto de lástima, y esa clase de amor que se ha llamado su hermana, pronto se convertirá en objeto de desprecio.