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Apretó la cara contra la tela e inspiró lentamente por la boca y la nariz, esperando percibir el humo más tenue y la salvia de montaña y el olor salado y dulce de Jack, pero no había ningún olor real, sólo su recuerdo, el poder imaginado de Brokeback Mountain del que no quedaba nada más que lo que tenía en las manos.