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  • Empezaron a afinar y, de repente, el auditorio se llenó de un único sonido, el más vivo y tridimensional que jamás había oído. Hizo que se me erizara el vello de la piel, que se me cortara la respiración.... Sentí la música como algo físico; no se quedaba en mis oídos, fluía a través de mí, a mi alrededor, hacía vibrar mis sentidos. Hacía que se me erizara la piel y se me humedecieran las palmas de las manos... Era lo más hermoso que había oído nunca.