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  • Para cada presidente se puede encontrar un asesino. Y por cada profeta hay mil intérpretes para distorsionar la esencia de la religión, para sustituir la llama brillante por el calor de las piras de los inquisidores. Llegó el momento en que cada libro fue arrojado al fuego, cuando cada sinfonía fue reducida a una melodía popular y tocada en todos los antros de bebida. Una sólida base filosófica podía establecerse bajo cualquier vil tontería.

    Sergei Lukyanenko (2006). “Night Watch”, Miramax