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Estoy sentada a la mesa, llevando la ropa interior de mi futura suegra. Es como un sueño retorcido en el que te despiertas y piensas... ¡Caray, Moisés! ¡Gracias a Dios que no pasó de verdad!
Estoy sentada a la mesa, llevando la ropa interior de mi futura suegra. Es como un sueño retorcido en el que te despiertas y piensas... ¡Caray, Moisés! ¡Gracias a Dios que no pasó de verdad!