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  • No somos perfectos. Las personas que nos rodean no son perfectas. La gente hace cosas que molestan, decepcionan y enfadan. En esta vida mortal siempre será así. Sin embargo, debemos desprendernos de nuestros agravios. Parte del propósito de la mortalidad es aprender a dejar ir esas cosas. Ese es el camino del Señor. Recuerda, el cielo está lleno de aquellos que tienen esto en común: Son perdonados. Y perdonan.