-
Pronto la locura te ha agotado. Es más fácil hacer lo que dice que discutir. De este modo, se apodera de tu mente. Ya no sabes dónde termina y empiezas tú. Crees todo lo que dice. Haces lo que te dice, por extremo o absurdo que sea. Si te dice que no vales nada, le das la razón. Le suplicas que pare. Prometes comportarte. Te pones de rodillas ante él y se ríe.