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Mi amiga Madea tiene la "actitud" que viene con la sabiduría. Cuando éramos adolescentes y veinteañeros, pensábamos que lo sabíamos todo y cometíamos todos esos errores tontos. Luego, cuando nos hacemos un poco mayores, a los treinta, empezamos a tener esos destellos de luz, revelaciones de lo grande y afortunado que es que no nos pillaran haciendo esas estupideces de entonces. Alrededor de los cuarenta, si tenemos suerte, dejamos de mentirnos a nosotros mismos. A partir de los cincuenta, se nos acaba la paciencia para las tonterías. Llévame al fondo de la cuestión.