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Sería erróneo decir que Sohrab estaba tranquilo. Silencio es paz. Tranquilidad. Silencio es bajar el volumen de la vida. El silencio es apretar el botón de apagado. Apagarla. Todo. El silencio de Sohrab no era el silencio autoimpuesto de los que tienen convicciones, de los manifestantes que tratan de defender su causa no hablando en absoluto. Era el silencio de quien se ha refugiado en un lugar oscuro, ha enroscado todos los bordes y los ha metido debajo.