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No llores por mí, Azrael. No malgastes tus lágrimas. Tú tomaste tu decisión. Y ésta es la mía. El sacrificio parece ser mi destino. Algo curioso para un hombre egoísta, ¿no? Siempre me llamaron débil en ese entonces.
No llores por mí, Azrael. No malgastes tus lágrimas. Tú tomaste tu decisión. Y ésta es la mía. El sacrificio parece ser mi destino. Algo curioso para un hombre egoísta, ¿no? Siempre me llamaron débil en ese entonces.