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El tiempo parece pasar. El mundo pasa, desenrollándose en instantes, y te detienes a mirar una araña apretada en su tela. Hay una rapidez de luz y un sentido de las cosas delineadas con precisión y rayas de brillo corriente en la bahía. Sabes con más certeza quién eres en un fuerte día luminoso después de una tormenta, cuando la hoja más pequeña que cae es apuñalada por la conciencia de sí misma. El viento hace un sonido en los pinos y el mundo nace, irreversiblemente, y la araña cabalga por la tela mecida por el viento.