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Dijiste que conocías el lugar perfecto al que huir. Un lugar vacío de gente y edificios, y lejos, muy lejos. Un lugar cubierto de tierra roja como la sangre y de vida dormida. Un lugar que anhela volver a la vida. Es un lugar para desaparecer, habías dicho, un lugar para perderse... y para encontrarse. Te llevaré allí, dijiste. Y podría decir que estaba de acuerdo.