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Incluso allí, en las minas, bajo tierra, puedo encontrar un corazón humano en otro convicto y asesino a mi lado, y puedo hacerme amigo de él, porque incluso allí se puede vivir y amar y sufrir. Uno puede descongelar y revivir un corazón congelado en ese convicto, uno puede esperarlo durante años, y al fin hacer surgir de las oscuras profundidades un alma elevada, una criatura que siente y sufre; uno puede hacer surgir un ángel, crear un héroe. Hay tantos, cientos de ellos, y todos somos culpables de ellos. [...] Si expulsan a Dios de la tierra, lo refugiaremos bajo tierra.