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  • Niko me cogió la mano y la golpeó ligeramente contra la barra. "Azotar con la pistola a ancianas no es precisamente nuestra misión, Cal". No iba a pegarle con la pistola. Le grité un poco más, luego la levanté y la arrojé a la calle. Corría el riesgo de romperse la cadera, pero eso no era azotar con una pistola... a menos que intentara volver a entrar.

    Rob Thurman (2010). “Roadkill: A Cal Leandros Novel”, p.25, Penguin