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Un villano debe ser algo poderoso, manejado con delicadeza y gracia. Debe ser lo bastante malvado para despertar nuestra aversión, lo bastante fuerte para despertar nuestro miedo, lo bastante humano para despertar algún destello pasajero de simpatía. Debemos alegrarnos de su caída, pero no con barbarie ni desprecio, y el final de su carrera debe estar en armonía con todo su desarrollo previo.