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Las ambulancias molaban. "Usted sólo quiere acariciar las partes extrañas de mi cuerpo", le dije al paramédico mientras cogía un artilugio plateado que se parecía inquietantemente a una sonda alienígena para orificios, lo rompía y luego lo volvía a colocar en su sitio, con la esperanza de no dejar la vida de alguien pendiendo de un hilo porque el paramédico no pudiera sondear sus orificios con una sonda alienígena.