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Algunos días vas a cazar osos y te comen. Algunos días vuelves a casa con una bonita alfombra para revolcarte y filetes de oso. Lo que no te dicen cuando eres niño es que a veces consigues la alfombra y los filetes, pero también unas bonitas cicatrices. De niño no entiendes que puedes ganar, pero que no siempre vale la pena. Una vez que entiendes y aceptas esa posibilidad te conviertes en un adulto de verdad, y el mundo se convierte en un lugar mucho más serio. No es menos divertido, pero una vez que te das cuenta de lo que puede salir mal, da mucho más miedo ir a cazar "osos".