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Dependiendo del año o del terapeuta al que acudiera, había aprendido a atribuir casi todas las facetas de su carácter a una reacción psicológica a las peleas de sus padres: su pereza, su exceso de rendimiento, su tendencia al aislamiento, su tendencia a la seducción, su hipocondría, su sentido de la invulnerabilidad, su autodesprecio, su narcisismo.