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No puedes tenerlo, ¿vale?", dijo desde detrás de la barrera de alambre. "Mm-hmm", susurré. "Desde luego es un barrio precioso". "Sí, supongo". "Te arrancaré esos ojos de tu fea cabeza.
No puedes tenerlo, ¿vale?", dijo desde detrás de la barrera de alambre. "Mm-hmm", susurré. "Desde luego es un barrio precioso". "Sí, supongo". "Te arrancaré esos ojos de tu fea cabeza.