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El todoterreno era el único coche que se movía. Josh tenía el pie pegado al suelo y la aguja del velocímetro rondaba los ochenta. Cada vez se sentía más cómodo con los mandos: llevaba al menos un minuto sin golpear nada.
El todoterreno era el único coche que se movía. Josh tenía el pie pegado al suelo y la aguja del velocímetro rondaba los ochenta. Cada vez se sentía más cómodo con los mandos: llevaba al menos un minuto sin golpear nada.