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Una vez que seamos capaces de ver este mundo como una ilusión y un fantasma, entonces podremos ver todo lo que nos sucede como un sueño, como algo que fingió existir mientras dormíamos. Y nos volveremos sutil y profundamente indiferentes ante todos los contratiempos y calamidades de la vida. Los que mueren doblan la esquina, por eso hemos dejado de verlos; los que sufren pasan ante nosotros como una pesadilla, si sentimos, o como una desagradable ensoñación, si pensamos. Y ni siquiera nuestro propio sufrimiento será más que esta nada.