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  • Era el hombre más perfecto que jamás había imaginado. Era las estrellas de cine, los hombres de los anuncios de ropa interior, los chicos del gimnasio, el obrero de la construcción con la camiseta roja que le había silbado pero ella había fingido no oír; era los hombres con trajes de tres piezas cuyos cerebros eran tan sexys como sus cuerpos; era los chicos de diecisiete años perezosos e indolentes cuyos músculos sobresalían de sus ropas, las estrellas de rodeo y esos hombres de mejillas suaves y ojos vidriosos que abrazaban a sus hijos con ternura. Él era todos ellos.

    Jude Deveraux (2012). “Sweet Liar”, p.255, Simon and Schuster