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  • En lo alto, más allá del velo de cielo azul que los ocultaba, las estrellas volvieron a cantar; una música pura, fría y difícil. Luego vino un relámpago veloz como el fuego (pero no quemó a nadie), ya fuera del cielo o del propio León, y cada gota de sangre hormigueó en los cuerpos de los niños, y la voz más profunda y salvaje que habían oído nunca decía: "Narnia, Narnia, Narnia, despierta. Ama. Piensa. Habla. Sé árboles andantes. Sean bestias parlantes. Ser aguas divinas.

    C. S. Lewis (2010). “A Year With Aslan: Words of Wisdom and Reflection from the Chronicles of Narnia”, p.39, HarperCollins UK