-
¿Qué chico honesto se enorgullecería de no robar carteras? Un ladrón que intentara reformarse lo haría. Estar presumido de cumplir con el deber es, pues, señal de lo poco que uno lo cumple, y de lo poco que uno ve lo despreciable que es no cumplirlo. ¿Podría alguien, salvo una criatura inferior, envanecerse de no ser despreciable? Hasta que nuestro deber no se convierta para nosotros en algo tan común como respirar, seremos pobres criaturas.