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Las mantas se habían caído y me quedé mirando su espalda blanca, los omóplatos que sobresalían como si quisieran convertirse en alas, atravesar aquella piel. Pequeñas cuchillas. Estaba indefensa.
Las mantas se habían caído y me quedé mirando su espalda blanca, los omóplatos que sobresalían como si quisieran convertirse en alas, atravesar aquella piel. Pequeñas cuchillas. Estaba indefensa.