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Llegué a odiar a los quejicas, con sus pintalabios secos y quebradizos y su rabia arrugada y sus estúpidos sombreros de sol flácidos, de gente mayor, con alas de la anchura de los anillos de Saturno.
Llegué a odiar a los quejicas, con sus pintalabios secos y quebradizos y su rabia arrugada y sus estúpidos sombreros de sol flácidos, de gente mayor, con alas de la anchura de los anillos de Saturno.