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"Seguro que sí", respondió. Su expresión se volvió feroz, haciéndola parecer muy diferente de la profesora dispersa que yo conocía. "Pero escúchame cuando te digo esto. Eres una joven excepcional, con talento y brillante. No dejes nunca que nadie te haga sentir que eres menos. No dejes nunca que nadie te haga sentir invisible. No dejes que nadie -ni siquiera un profesor que te manda constantemente a tomar café- te mangonee". Volvió a ponerse las gafas y empezó a levantar papeles al azar. Por fin encontró un bolígrafo y sonrió triunfante. "A ver. ¿Cómo se llama tu hermano?"