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Hardy Cates", dije entrando en la habitación, "compórtate o te piso el tubo". La enfermera pareció sorprendida por mis modales antipáticos. Pero la mirada de Hardy se cruzó con la mía en un momento de tensión brillante y ardiente, y se relajó, tranquilizado de un modo que la simpatía arrulladora nunca habría conseguido. "Eso sólo funciona si es un tubo de respiración", me dijo.