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El reposo, el ocio, la paz, forman parte de los elementos de la felicidad. Si no hemos escapado del ajetreo, de la loca persecución, de la inquietud, de la necesidad de cuidados, no somos felices. ¿Y qué decir de la contemplación? Su propia premisa es la libertad de las cadenas del ajetreo cotidiano. Además, ella misma actualiza esta libertad en virtud de ser intuición.