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El rugido del tráfico, el paso de rostros indiferenciados, por aquí y por allá, me droga en sueños; borra los rasgos de las caras. La gente puede atravesarme. ¿Y qué es este momento del tiempo, este día concreto en el que me he visto atrapado? El gruñido del tráfico podría ser cualquier alboroto: el de los árboles del bosque o el rugido de las fieras. El tiempo ha retrocedido uno o dos centímetros en su carrete; nuestro breve avance se ha cancelado. Pienso también que nuestros cuerpos están en verdad desnudos. Sólo estamos ligeramente cubiertos con telas abotonadas; y bajo estos pavimentos hay conchas, huesos y silencio.