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La fuerza y el éxito están por encima de la moral, por encima de la crítica. Parece, pues, que no se trata de lo que se hace, sino de cómo se hace y cómo se llama. ¿Existe un control en los hombres, en lo más profundo de ellos, que los detenga o castigue? No parece haberlo. El único castigo es el fracaso. En efecto, no se comete ningún delito si no se atrapa al delincuente.