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Gruñó. Tienes el valor de un guerrero'. Le vi darse la vuelta y recoger la ropa del suelo. ¿Me creía valiente? Pero yo estaba aterrorizada, siempre aterrorizada. No -dije rotundamente-. No lo tengo". Hizo una pausa mientras metía la valiosísima túnica entre dos fardos. ¿Tienes miedo ahora? Asentí, con la vergüenza enrojeciéndome. Ese es el valor de un guerrero".