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Si yo fuera el moro, no sería Iago. Siguiéndole a él no me sigo sino a mí mismo; el cielo es mi juez, no yo por amor y deber, sino pareciéndolo por mi fin peculiar. Porque cuando mi acción exterior demuestre el acto y la figura nativa de mi corazón En elogio externo, no pasará mucho tiempo Pero llevaré mi corazón en mi manga Para que los cuervos lo picoteen. No soy lo que soy